El mercado inmobiliario residencial español mantiene su dinámica de crecimiento en 2025 y debería seguir en positivo en 2026. Esto se debe sobre todo a un desequilibrio claro entre la oferta limitada de viviendas y una demanda que no para de crecer. Factores económicos, demográficos y financieros explican esta tendencia de fondo.

 

Fuerte aumento de los precios y las transacciones

En 2025, los precios de la vivienda subieron un 13,1%, el mayor incremento desde 2006. El precio medio se sitúa ahora en 2.091 €/m², lo que refleja la presión en el mercado residencial. Las compraventas también se mantienen en niveles altos: el año cerró con 714.000 transacciones, por encima del nivel de 2007.

Este aumento se explica por tres factores principales:

  • Un crecimiento demográfico constante, que genera unos 180.000 nuevos hogares al año.
  • Una oferta de vivienda nueva insuficiente, limitada a 100.000-130.000 unidades anuales.
  • Una economía favorable, con creación de empleo y mayor nivel de renta.

La demanda supera con creces la capacidad de construcción, lo que impulsa los precios al alza.

 

Contexto macroeconómico favorable

La economía española ha respaldado este dinamismo. En 2025, el PIB creció un 2,8%, impulsado por la demanda interna. La inflación se estabilizó cerca del 3%, y el paro bajó al 9,93%, su nivel más bajo en años.

Los tipos de interés del BCE también ayudan: tras subir para frenar la inflación, bajaron, lo que redujo el Euríbor y el coste de las hipotecas. Esto facilita la financiación y sostiene el sector.

Para 2026, las previsiones son buenas: PIB entre 2,2% y 2,4%, inflación bajando y paro alrededor del 10%.

 

Demanda más sólida que antes de 2008

A diferencia del ciclo inmobiliario de la década de 2000, la demanda actual muestra más solidez y cuenta con un balance financiero saneado, principalmente por dos razones:

Reducción del endeudamiento de familias y empresas tras la crisis de 2008 e incremento en el ahorro como consecuencia de la pandemia del COVID-19.

Aproximadamente, el 50 % de las transacciones se realizan sin recurrir a un préstamo hipotecario, (frente a casi el 80% en los años previos a 2008). Además, los préstamos hipotecarios son principalmente a tipo fijo (60 % de los préstamos), con un tipo medio cercano al 3 %. Por último, la ratio de financiación medio (Loan-to-Value) se sitúa en torno al 65 %, muy lejos de los niveles superiores al 100 % observados antes de la crisis financiera.

Estas evoluciones reflejan un mercado más equilibrado y menos expuesto a los riesgos de sobreendeudamiento.

 

Una escasez estructural de viviendas

A pesar de las señales positivas del mercado, uno de los principales retos del sector sigue siendo la escasez de vivienda. El ritmo de construcción sigue siendo insuficiente para satisfacer la creciente demanda relacionada con la demografía y la inmigración.

En 2025, la población española alcanzó aproximadamente los 49,4 millones de habitantes y se prevé que supere los 50 millones en 2026. Este crecimiento, impulsado en gran medida por los flujos migratorios, da lugar a la formación de unos 180.000 nuevos hogares al año.

Sin embargo, la producción anual de viviendas nuevas sigue estando muy por debajo de este nivel. Desde 2022, la diferencia entre los nuevos hogares y las licencias de construcción ha generado un déficit acumulado de más de 200.000 viviendas. Teniendo en cuenta otros factores, como la transformación de viviendas en alquileres turísticos o las compras por parte de inversores extranjeros, algunas estimaciones sitúan este déficit total entre 600.000 y 700.000 viviendas.

Varios obstáculos limitan el aumento de la oferta:

  • la lentitud administrativa en la concesión de licencias de obra;
  • el aumento del coste de los materiales;
  • la escasez de mano de obra en el sector de la construcción;
  • las dificultades de financiación para los promotores inmobiliarios.

 

Perspectivas de crecimiento estable para 2026

Para 2026, el consenso apunta a que el mercado inmobiliario siga creciendo, pero a un ritmo más moderado. Se espera que el incremento de los precios se estabilice gradualmente, especialmente en determinadas zonas donde los precios están ya en niveles exigentes en relación con los salarios.

Sin embargo, mientras el crecimiento demográfico se mantenga sostenido y la oferta de viviendas no pueda satisfacer la demanda, la presión sobre los precios debería persistir, especialmente en las grandes ciudades y las zonas costeras.

 

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